Autoexigencia – Self-demand

¡Buenas tardes!

Hoy vuelvo al blog con un tema que todos los creativos parecemos tener en común al principio (y en medio, y al final) de nuestra carrera: la autoexigencia, es decir, la evaluación crítica que hacemos de nosotros mismos y nuestros logros constantemente… eso sí, de manera más bien catastrófica.

Imagínate. Te sientas frente al escritorio para empezar con un nuevo encargo. De repente, te entra mucho, mucho pánico, pero, ¿por qué?… Porque quieres que todo sea perfecto. Quieres tener una idea genial, que el lápiz fluya por tus dedos, que los bocetos se acepten a la primera, que no tardes prácticamente nada en colorear, ni en hacer cambios, ni en entregar el producto final. Quieres hacerlo todo en un santiamén y con un nivel de impecabilidad incuestionable. Te has marcado unos objetivos que cumplir, y no hay prácticamente tiempo que perder.

¿El resultado real? Bloqueo, ansiedad, estrés. Dolor físico, de muñeca o de espalda. Sentimiento de culpa y malestar general por no poder hacer lo que tienes que hacer, siendo más que capaz. Te has exigido tanto a ti mismo que, al final, no estás disfrutando del dibujo ni del proceso creativo, si bien has escogido esta profesión porque crear es lo que más te gusta en el mundo.

Pero, ¿de dónde viene esa exigencia, por qué nos exprimimos tanto a nosotros mismos, y no dejamos que, por ejemplo, el jefe de otra empresa lo haga? Ahí está el quid de la cuestión.
En sí, la autoexigencia no es una cualidad negativa, ya que esta tiene como fin hacernos crecer a través del cumplimiento de nuestros objetivos y el análisis que hacemos de los mismos. La autocrítica es necesaria para detectar nuestras flaquezas y trabajarlas, además de para ponernos nuevas metas que superar, tanto desde un punto de vista personal como desde un punto de vista profesional. Así pues, la autoexigencia bien llevada, se puede convertir en nuestra aliada.
El problema se presenta cuando la autoexigencia se convierte en autoexplotación. Esta última deriva, desde mi punto de vista, de una serie de deseos:

  • Del deseo de querer ser profesional. Buscas agradar a tus clientes en todo momento y al ciento por ciento, por ello, te marcas un ritmo de trabajo exasperante, para así cumplir con unos estándares que, en realidad, nadie te ha pedido cumplir.
  • Del deseo de demostrar (tanto a tu entorno como a ti mismo) que puedes con todo, que puedes vivir de dibujar. La creencia de que las personas creativas moriremos alcoholizadas y sin recursos (a lo Mackintosh) te ha dejado huella, de ahí que te hayas prometido derribar ese mito: trabajando sin descanso, llegarás a tu objetivo mucho más rápido y, por supuesto, con éxito.

Este cóctel de anhelos suele aderezarse con fijarse metas irrealizables, pensamientos obsesivos y tendencia a querer ser siempre productivo: finalmente, lo que acaba pasando es que nuestra preciada bebida acaba derramada por la mesa, acompañada de un enorme sentimiento de culpabilidad y el uso de un lenguaje peyorativo hacia nosotros mismos («no sirvo para esto», «no soy lo suficientemente bueno/a», etc….) por no ser capaces de tener el control.

Por tanto, podemos concluir en que la clave de la autoexigencia no es la de convertirnos en superilustradores, ni en machacarnos, ni explotarnos; más bien, la clave ha de ser motivarnos y hacernos crecer. Para ello, es importante mantener los pies en el suelo, ser conscientes de lo que podemos dar y entrenarnos día a día para evolucionar. La inmediatez no existe en esta profesión (ni en casi nada en esta vida, me atrevería a decir): siempre hay un proceso de trabajo que seguir, unos deberes que hacer y algunos obstáculos que sortear. Por desgracia, los atajos y las prisas sólo sirven para hacernos dar un par de pasos hacia atrás.

Recordemos, además, que las personas creativas somos tremendamente sensibles. Funcionamos según la gestión de nuestras emociones, por lo que hay que tratar de tener siempre una actitud alegre, o al menos, un estado anímico que nos permita mantener el foco en crear. Para ellos, podemos probar a programar nuestra mente para tratarnos bien a nosotros mismos, incluso cuando el síndrome del impostor nos aceche y sintamos que no valemos: si dibujamos o creamos es porque disfrutamos con ello, porque nuestro fin profesional es sentirnos realizados (y si nos pagan por ello, ¡tanto mejor!).

Así pues, no seamos tan duros ni exigentes con nosotros mismos. No nos saboteemos, ni nos pongamos la zancadilla. Disfrutemos de nuestro talento como lo hacen otros artistas: es nuestra mejor baza, hay que saber aprovecharla.

Good evening!

Today I’m back to this blog with a topic that all creatives seem to have in common at the beginning (and in the middle and at the end) of our career: self-demand, that is, the critical evaluation we make of ourselves and our achievements constantly (and yes, rather in a catastrophic way).

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Let’s imagine for a moment. You sit at the desk to start a new commission. Suddenly, you get very, very panicked, but why? … Because you want everything to be perfect. You want to have a great idea, that the pencil flows through your fingers, that sketches are accepted on the first sight, that it takes practically no time to give color, make changes, or deliver the final product. You want to do it all in a second and with an unquestionable level of impeccability. You have set yourself some objectives to fulfill, and there is practically no time to lose.

The actual result? Blocking, anxiety, stress. Physical pain, I mean, real wrist or back pain. Feeling of guilt and general discomfort for not being able to do what you have to do, when, truth be told, you’re being more than capable. You have demanded yourself so much and, in the end, you are not enjoying neither drawing or the creative process, although you have chosen this profession because creating is what you like most in the world.

But where does that demand come from, why do we squeeze ourselves so much, and we don’t let, for example, the boss of another company do it? There’s the quid of the question.

In itself, self-demand is not a negative quality, since it is intended to make us grow through the fulfillment of our objectives and the analysis we make of them. Self-criticism is necessary to detect our weaknesses and work on them, as well as to set new goals to overcome, both from a personal point of view and from a professional point of view. Thus, well-worn self-demand can become our ally.
The problem arises when self-demand becomes self-exploitation. This attitude derives, from my point of view, from a series of wishes:

  • From the desire to want to be a professional. You seek to please your customers at all times and one hundred percent, therefore, you set an exasperating pace of work, in order to meet standards that, in reality, no one has asked you to meet.
  • From the desire to demonstrate (both to your environment and yourself) that you can do everything, that you can live from drawing. The belief that creative people will die drunk and without resources (à la Mackintosh) has left its mark on you, that’s why you have promised yourself to break that myth: in theory, working tirelessly, you will reach your goal much faster and, of course, with success.

This cocktail of longings is usually seasoned with setting unrealizable goals, obsessive thoughts and a tendency of always wanting to be productive: finally, what ends up happening is that our precious drink ends up spilled on the table, accompanied by a huge feeling of guilt and the use of a pejorative language towards ourselves («I’m not good for this», «My work isn’t enough», etc …) for not being able to be in control.

Therefore, we can conclude that the key to self-demand isn’t to become super illustrators, nor to crush or exploit ourselves. Rather, the key must be to motivate us and make us grow. For doing so, it is important to keep our feet on the ground, be aware of what we can give and train ourselves day by day to evolve. There is no immediacy in this profession (or in almost anything in this life, I daresay): there is always a work process to follow, some duties to do and some obstacles to overcome. Unfortunately, shortcuts and haste only serve to make us take a couple of steps back.

Let’s also remember that creative people are extremely sensitive. We work according to the management of our emotions, so we must always try to have a happy attitude, or at least, a state of mind that allows us to keep our focus on creating. For doing so, we can try to program our minds to treat ourselves well, even when the impostor syndrome haunts us and we feel that we are not worth it: if we draw or create it is because we enjoy it, because our professional purpose is to feel fulfilled (and if we get paid for it, so much the better!).

So let’s not be so hard or demanding on ourselves. Let’s not sabotage ourselves. Let’s enjoy our talent as other artists do: it is our best asset, we must know how to take advantage of it.

Mercadillos de arte: ¿sí o no? – Craft markets: yay or nay?

¡Buenas tardes! ¿Qué tal ha ido la semana?

Para mí, esta última semana ha sido un poco de locura: por un lado, estuve en Madrid en la Feria de editores LIBER (de la que os hablaré un poco más adelante), y por otro, pasé el fin de semana participando como expositora en el mercado medieval del pueblo donde vivo. Precisamente os quiero hablar de este último tema: los mercadillos. Como ilustradores, ¿merece la pena participar o no?.

Bien. Es cierto que esta cuestión puede resultar un poco vaga, ya que la respuesta depende fundamentalmente de dos factores: del tipo de mercadillo en el que quieras participar, y, aún más importante, de tu objetivo, es decir, por qué quieres participar.

Como ilustradores, debemos tener en cuenta que el género que llevamos para comerciar no suele ser el típico de los mercadillos de artesanía: rara vez encontraremos puestos en los que se vendan láminas o postales, mientras que sí que encontraremos muchos de bisutería, ropa o comida. Normalmente, el público que asiste a este tipo de eventos espera encontrar productos baratos, por lo que difícilmente generaremos beneficios a partir de nuestras ventas. Además, no todo el mundo sabe lo que es la ilustración o lo que significa ilustrar (al menos en España), por lo que tampoco comprenderán qué es lo que estamos exponiendo o el valor real que se esconde tras nuestro trabajo.Por esto que acabo de escribir, bien puede parecer que los ilustradores lo tenemos todo a la contra, y que no vale la pena correr el riesgo. Sin embargo, pienso que hay que animarse y que hay que apuntarse a este tipo de aventuras, y ahora te voy a argumentar los por qués:

  • Los mercadillos son un escaparate excelente. Es una manera de dar visibilidad a nuestro trabajo y, por consiguiente, a la profesión: por lo tanto, no sólo sirven para mostrar lo que somos capaces de hacer, sino que también ayudan a educar a los asistentes y enseñarles que se puede vivir del dibujo de manera profesional. Gracias a la presentación de tus productos, pondrás en valor al resto del gremio y acabarás, poco a poco, con la creencia de que los creativos no tenemos futuro.
  • A través de estos eventos, recibirás una opinión directa por parte del consumidor de tu obra. Por desgracia, y como ya sabrás, la ilustración es una profesión tremendamente solitaria: nos pasamos horas y horas trabajando en un dibujo, encerrados, sin hablar con nadie, lo que en ocasiones puede hacernos perder el foco sobre lo que estamos creando. Pienso que es positivo saber lo que los demás piensan sobre nuestro trabajo, al menos hasta cierto punto. Cuando tienes una paradita en un mercadillo, es fácil detectar quién es tu público y qué es lo que le gusta: ¿tu público es femenino o masculino?, ¿les interesa más tu trabajo analógico, o el digital?, ¿te compran más postales, o quizá más fanzines?… Esta criba te ayudará a seguir evolucionando como creativo y te dirigirá hacia el buen camino.
    Los mercadillos no sólo están ahí para conocer a clientes potenciales, sino también a otros colegas artistas o artesanos, y por consiguiente para aprender de ellos. Siempre habrá algo de tu vecino de parada que puedas aplicar en tu vida, ya sea profesional o personal: sacarás ideas para concebir  productos nuevos, conocerás formas de exponerlos, te dirán dónde conseguir expositores o cómo crearlos tú mismo, etc.. A veces, simplemente una pequeña charla servirá para conseguir un nuevo contacto.

Como te decía antes, los mercadillos al uso (de artesanía o medievales), no suelen reunir las condiciones idóneas para generar ingresos con nuestro trabajo como ilustradores: esto no quiere decir que no vayas a vender nada de nada; simplemente, lo tendrás un poco más difícil que el resto de tus compañeros. Sin embargo, para que no te desanimes, quiero que sepas que existen otro tipo de eventos en los que los ilustradores son más que bienvenidos: me refiero a los mercados de dibujo o, directamente, mercados de ilustración.

En este tipo de mercados, los ilustradores nos movemos como peces en el agua, ya que lo que se busca precisamente es generar un espacio donde podamos exponer nuestras obras, intercambiar opiniones, conocer a colegas de profesión y, por supuesto, vender parte de nuestro trabajo a un público que, en su mayoría, conoce el mundo de la ilustración y es partícipe del mismo. Siempre es interesante acudir a esta clase de citas, ya que también suelen asistir otro tipo de creadores que se nutren de la ilustración, como por ejemplo escritores, animadores, etc. ¡Nunca viene mal que se lleven a casa una de tus tarjetas de visita!.

En la foto, estoy en un Mercadillo de ilustración que se celebra de manera puntual y espontánea en el Gastrobar Mastropiero, en Cáceres. Aparte, existen otros mercadillos y eventos a los que, si se puede, no se debería faltar en calidad de expositor, tales como el mercadillo de dibujo Mazoka (al que espero ir antes de que termine el año), el Salón del Cómic de Barcelona, etc..

En conclusión, y siempre desde mi opinión personal, nunca está de más apuntarse a cualquier mercadillo de arte o artesanía que se nos presente. De hecho, considero que hay que procurar participar, pues nunca sabes quién puede cruzarse en tu camino. No sólo te lo pasarás pipa, sino que también le darás visibilidad a tu trabajo, lo venderás, y aumentarás considerablemente las probabilidades de que te contraten para cualquier trabajo futuro. A fin de cuentas, de lo que se trata es de disfrutar, y os aseguro que en los mercadillos se disfruta mucho. A pesar de que puede resultar muy cansado, siempre volveremos a casa con una sensación de lo más gratificante. ¡Os lo garantizo!

Good afternoon! How was your week?

For me, this last week has been a bit crazy: on the one hand, I was in Madrid at the LIBER Editors’ Fair (which I’ll tell you about in a next post), and on the other hand, I spent the weekend participating as an exhibitor in the medieval market of the town where I live. I want to talk about this last topic: the craft markets. As illustrators, is it worth taking part of them or not?

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Well. It’s true that this question may be a bit vague, since the answer depends fundamentally on two factors: the kind of market in which you want to participate and, even more importantly, your objective, that is, why you want to participate.

As illustrators, we must bear in mind that the genre we carry to trade is not usually typical of craft markets: we will rarely find stalls where prints or postcards are sold, while we will find many of jewelry, clothing or food. Normally, the public that attends this type of event expects to find cheap products, so it will be difficult for us to generate benefits from our sales. In addition, not everyone knows what illustration is or what it means to illustrate (at least in Spain), so they will not understand what are we exhibiting or the real value behind our work.
According to what I have just written, it may well seem that the illustrators have everything to the contrary, and that it is not worth the risk. However, I think that you should cheer up and that you have to sign up for this type of adventure, and now I’m going to argue why:

  • The markets are an excellent showcase. It is a way of giving visibility to our work and, therefore, to the profession: therefore, they not only serve to show what we are capable of doing, but they also help educate attendees and teach them that we can make a living from our drawings. Thanks to the presentation of your products, you will add value to the rest of the guild and you will end, little by little, with the general belief that creatives have no future.
  • Through these events, you will receive a direct opinion from the client of your work. Unfortunately, and as you may already know, illustration is a tremendously lonely profession: we spend hours and hours working on a drawing, locked up, without talking to anyone, which can sometimes make us lose focus on what we are creating. I think it is positive to know what others think about our work, at least to some extent. When you have a stop at a street market, it is easy to detect who your audience is and what they like: is your audience female or male? Are they more interested in your analog work, or the digital one? Do they buy you more postcards, or maybe more fanzines?… This scenario will help you to continue evolving as a creative and will put you on the right path.
  • The markets aren’t only there to meet potential customers, but also to know fellow artists or artisans, and therefore to learn from them. There will always be something from your stop neighbor that you can apply in your life, whether professional or personal: you will get ideas to conceive new products, you will know ways to expose them, they will tell you where to get exhibitors or how to create them yourself, etc. Sometimes, simply a small chat will serve to get a new contact.

As I said before, the usual markets (crafty or medieval), do not usually meet the ideal conditions to generate income with our work as illustrators: this does not mean that you are not going to sell anything at all; simply, you will have a little more difficult than the rest of your neighbors. However, so that you don’t get discouraged, I want you to know that there are other types of events in which illustrators are more than welcome: I’m referring to drawing markets or, directly, illustration markets.

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In this type of market, we illustrators move like fish in water, since what we are looking for is to create a space where we can expose our works, exchange opinions, meet colleagues of profession and, of course, sell part of our work with an audience that, for the most part, knows the illustration world and participates in it. It’s always interesting to go to this kind of dates, since other types of creators who thrive on illustration also tend to attend, such as writers, animators, etc. It never hurts when someone takes your visit card!

In the photo, I’m in an Illustration Market that is held in a timely and spontaneous manner at the Gastrobar Mastropiero, in Cáceres (Spain). Besides, there are other markets and events that, if possible, should not be missed as an exhibitor, such as the Mazoka drawing market (which I hope to go before the end of the year), the Barcelona Comic Fair, etc..

In conclusion, and always from my personal opinion, it never hurts to sign up for any art or craft market that comes our way. In fact, I consider that you have to try to participate, because you never know who may cross your path. You won’t only have a great time, but you will also give visibility to your work, sell it, and considerably increase the chances of being hired for any future job. After all, what this is about is enjoying, and I assure you that in the markets you’ll enjoy a lot. Although it can be very tiring, we will always come home with the most gratifying feeling. I guarantee it!

Profesionalízate: crea tu porfolio – Become professional: create your portfolio.

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¡Bienvenidos de nuevo al blog! ¿Qué tal estáis? ¡Espero que con fuerzas para afrontar este lunes!
 
En esta segunda entrada, me gustaría hablar de un tema de bastante importancia para cualquier creativo que quiera profesionalizarse y monetizar su trabajo: se trata de la creación de nuestro portolio. Con ello, pretendo daros pautas y consejos para hacer que vuestro porfolio funcione y os empiecen a llegar encargos.
 
Como ya sabéis, trataré el tema desde el punto de vista de la ilustración, si bien en principio los consejos que os quiero dar se pueden aplicar a cualquier trabajo creativo, ya sea el diseño, la animación, la fotografía, el mundo del maquillaje, etc..

¿Estáis listos? ¡Empezamos!

¿Qué es un porfolio?
Un porfolio es una carta de presentación, una muestra de nuestro trabajo como ilustradores, un compendio de aquello que mejor sabemos hacer. Normalmente, para hacer un porfolio físico, bastará con que metamos en una carpeta o en fundas de celofán algunas láminas que representen nuestro recorrido. Si se trata de un porfolio digital, pues haremos lo mismo, pero con un archivo PDF, una presentación en Power Point o en Google Slides, etc.. Se trata, pues, de unificar tu trabajo en la herramienta que más te convenga.

¿Para qué sirve el porfolio?
El porfolio sirve para conseguir trabajo y para darte a conocer. Es así de simple. Sirve para presentar tu candidatura ante cualquier editorial, agencia o cliente privado, y así demostrar lo que sabes hacer y cómo.

¿Cuántas imágenes ha de tener un porfolio?
En principio, depende de a quién quieras presentarlo. Sin embargo, dada mi experiencia, te recomiendo que no hagas un porfolio de más de 20 imágenes (incluso 20 ya me parecen demasiadas). Diría que entre 15 y 20 es el número ideal, pues te da margen para incluir trabajos de distinta índole: series de dos o tres ilustraciones, dibujos en blanco y negro, o en color, dibujos en técnica tradicional y digital, etc.. Ten en cuenta que, probablemente, el editor o director creativo que vaya a analizar tu porfolio no va a pasar más de un minuto examinándolo, ya que no va a ser el primer porfolio que vaya a ver en el día y, seguramente, tenga mucho trabajo por hacer. De ahí que el porfolio haya de ser conciso y, a ser posible, variado, para que nuestro editor no se aburra.

Soy ilustrador y tengo varios estilos: ¿puedo incluirlos todos en un solo porfolio?
De nuevo, la respuesta es depende. Si lo que quieres es trabajar haciendo álbumes ilustrados y libros infantiles y juveniles, lo idóneo sería incluir imágenes de corte infantil y adolescente, y dejar aquellos trabajos de estilo más adulto de un lado: imagínate que, además de dibujar para niños, te dedicas a hacer cuadros abstractos. Para colaborar con una editorial infantil no es necesario que muestres esta segunda clase de obras; sin embargo, si quieres trabajar en publicidad, o haciendo viñetas políticas, o ilustrar haikus y demás poemas simbólicos, quizá sí te interese mostrar esa otra parte de tu mundo creativo, y dejar los dibujos infantiles para otros menesteres. Como cuando redactas una carta de presentación para una empresa, lo más interesante sería crear dos o tres porfolios en función del trabajo al que te quieras presentar.

¿Puedo incluir en mi porfolio proyectos personales, o sólo puedo incluir proyectos profesionales?
Tal y como he definido antes, tu porfolio es un compendio de tus mejores trabajos. Por lo tanto, puedes incluir proyectos de cualquier naturaleza: lo más importante en este caso es la calidad de los mismos. Todos hemos empezado por el principio, con un porfolio de proyectos personales, a los que hemos ido incluyendo proyectos profesionales a medida que han ido apareciendo. En mi caso, he de decir que sólo tengo proyectos de índole personal en mi porfolio: el motivo principal es que siento que mi trabajo es mucho mejor cuando no me rijo por las pautas de un encargo, sino que me dejo llevar por mis propias ideas. Esto no quiere decir que no sea capaz de llevar a cabo un encargo externo con calidad y profesionalidad: más bien, me gusta la libertad creativa que me ofrece mi porfolio.

¿Puedo incluir diferentes técnicas en un porfolio?
¡Claro! No sólo puedes, sino que debes. En tu porfolio debes incluir aquellos trabajos con los que te sientas cómodo, pues se trata principalmente de demostrar qué es lo que sabes hacer. Así pues, si dominas diferentes técnicas tradicionales y digitales, te recomiendo que incluyas varios ejemplos de cada una en tu porfolio. Puede que al editor, por ejemplo, no le interesen tus trabajos digitales, pero sí le parezcan interesantes tus acuarelas o tus dibujos a grafito, porque su editorial publica sobre todo libros con técnicas tradicionales. En definitiva, cuanto más variado seas, más probabilidades tendrás de llamar la atención.

Ya he definido lo que, desde mi punto de vista, es un porfolio y lo que ha de tener. Como ya os comenté en la primera entrada, tened en cuenta que todo lo que escriba aquí se basa en mi propia experiencia. Los caminos de la ilustración son inescrutables, y cada dibujante tiene su propia manera de actuar. Para mí, lo más importante es compartir con vosotros lo que sé, y ayudaros en todo lo que pueda.

De manera adicional, me gustaría acabar esta entrada resumiendo las pautas descritas arriba, además de daros un par de tips más. Así pues, para hacer que tu porfolio funcione…

– Incluye sólo trabajos de calidad y con los que te sientas cómodo.
– No incluyas más de 20 imágenes.
– Procura que tu porfolio sea rico en técnicas. Además, si lo que quieres es trabajar en editoriales de corte infantil, incluye series que cuenten una pequeña historia con uno o varios mismos personajes. De este modo, la editorial verá que eres capaz de crear un personaje y estilo y mantenerlo durante varias secuencias.
– Haz que tu porfolio sea coherente. Mantén siempre un estilo parecido, no crees contrastes. 
– Si vas a crear un porfolio físico, no lo encuadernes. El motivo es que el porfolio va evolucionando y, de vez en cuando, tendrás que cambiar las ilustraciones antiguas por algunas más nuevas y mejores, para ir así perfeccionando la presentación.
– Tómate tu tiempo. No te obsesiones con hacer un porfolio perfecto, ni dibujes bajo presión. Simplemente, aplica tus conocimientos y crea en función de lo que quieras conseguir, sin prisa, pero sin pausa.
– Mantén la mente abierta. Muchas veces oirás comentarios sobre tu trabajo que no te gustarán. Aprende a segregarlos y a quedarte con aquello que te ayude a mejorar: no te tomes las críticas como una ofensa, ni sientas que no valoran tu trabajo. Ilustrar es un aprendizaje continuo, y de todas las experiencias y comentarios negativos se puede sacar una enseñanza de provecho.
– Nunca digas que eres novato. El principal motivo es que, si te presentas como novato, tu cliente potencial entenderá que eres inseguro, o que no eres lo suficientemente profesional como para pagarte un honorario digno. Tu trabajo vale tanto como el de cualquier otro colega: no lo devalúes, pues de hacerlo, estarás devaluando al resto de colegas y a todo el gremio.

Dicho esto, doy por terminada la entrada. Espero que os sirva y que os animéis a crear vuestro porfolio. En caso de que tengáis preguntas, no dudéis en dejármelas en la sección de comentarios. Además, como compartir es vivir, os invito a que compartáis este blog con aquellas personas a las que les pueda interesar, ¡me haría mucha ilusión! 🙂

Os envío un abrazo,

Eva Rodríguez

Welcome back to the blog! How are you? I hope that you have the strength to face this Monday!

In this second post, I would like to talk about a topic of considerable importance for any creative who wants to professionalize and monetize their work: the creation of our portolio. Here I’ll try to give you some guidelines as well as my advice, so you can make your portfolio work and you start getting commissions.

I’m going to treat this subject from the my own point of view of the illustration world, although the advices that I want to give you can be applied to any creative work, just as design, animation, photography, the world of makeup, etc.

Are you ready? Let’s start!

What is a portfolio?
A portfolio is a cover letter, a sample of our work as illustrators, a compendium of what we do best. Normally, to make a physical portfolio, it will be enough that we put in a folder or cellophane covers some sheets that represent our journey. If it is a digital portfolio, we will do the same, but with a PDF file, a PowerPoint presentation, Google Slides, etc. This is about unifying your work in the tool that suits you best.

What is the portfolio for?
The portfolio is used to get a job and to make yourself known. It’s that easy. It serves to present your application to any publisher, agency or private client, and thus demonstrate what you know how to do and how.

How many images must a portfolio have?
In principle, it depends on who you want to present it to. However, given my experience, I would say that a portfolio shouldn’t have more than 20 images (even 20 seem already too many!). I would say that between 15 and 20 is the ideal number, since it gives you scope to include works of different kinds: series of two or three illustrations, black and white or color drawings, drawings in traditional and digital technique, etc. Keep in mind that, probably, the editor or creative director who is going to analyze your portfolio will not spend more than a minute examining it, since it will not be the first portfolio that he/she will see in the day and, surely, have a lot of work to do. Hence, the portfolio must be concise and, if possible, varied, so that our editor does not get bored.

I am an illustrator and I have several styles: should I include them all in a single portfolio?
Again, the answer is it depends. If what you want is to work making children’s and youth’s books, the ideal case would be to include images of children and teenagers, and leave those more adult-style works aside: imagine that, in addition to drawing for children, you dedicate yourself to make abstract pictures. To collaborate with a children’s publishing house, you do not need to show this second sort of works; However, if you want to work in advertising, or drawing political vignettes, or illustrate haikus and other symbolic poems, perhaps you are interested in showing that other part of your creative world, and leaving children’s drawings for other purposes. Just as when writing a cover letter for a company, the most interesting thing would be to create two or three portfolios depending on the job you want to introduce yourself to.

Shall I include personal projects in my portfolio, or should I only include professional projects?
As I have defined before, your portfolio is a compendium of your best works. Therefore, you can include projects of any nature: the most important thing in this case is their quality. We have all started at the beginning, with a portfolio of personal projects, to which we have been including professional projects as they have appeared. In my case, I have to say that I only have personal projects in my portfolio: the main reason is that I feel that my work is much better when I do not abide by the guidelines of an assignment, but rather let myself be led by my own ideas. This does not mean that I am not able to carry out an external commission with quality and professionalism: let’s say that I prefer the creative freedom that my portfolio offers me.

Should I include different techniques in a portfolio?
Sure! You just should, you must! In your portfolio, you must include those jobs with which you feel comfortable, since it is mainly about showing what you know to do. So, if you master different traditional and digital techniques, I recommend that you include several examples of each in your portfolio. The publisher, for example, may not be interested in your digital works, but they may find your watercolors or your graphite drawings interesting, because their publishing house publishes mainly books with traditional techniques. In a nutshell, the more varied you are, the more likely you are to attract attention.

I have already defined what, from my point of view, is a portfolio and what it must have. As I mentioned in the first post, keep in mind that everything I write here is based on my experience. The illustration world works in many different ways, and each artist has his/her own way of acting. For me, the most important thing is to share with you what I know, and help you in any way I can.

Additionally, I would like to finish this post by summarizing the guidelines described above, as well as giving you a couple more tips. That being said, to make your portfolio work…

– Include only quality work which makes you feel comfortable.
– Do not include more than 20 images.
– Try to make your portfolio rich in techniques. Also, if what you want is to work in children’s books, include series that tell a little story with one or more of the same characters. In this way, the publisher will see that you are able to create a character and style and maintain it for several sequences.
– Make your portfolio consistent. Always keep a similar style, do not create contrasts.
– If you are going to create a physical portfolio, do not bind it. The reason is that the portfolio is evolving and, from time to time, you will have to change the old illustrations for some newer and better ones, in order to perfect the presentation.
– Take your time. Don’t get obsessed with making a perfect portfolio, or draw under pressure. Simply apply your knowledge and create based on what you want to achieve, without hurry, but without pause.
– Keep an open mind. Many times you will hear comments about your work that you will not like. Learn to segregate them and keep only those that help you improve: do not take criticism as an offense, or feel that they do not value your work. Illustrating is a continuous learning process, and every negative experiences and comments will make you learn.
Never say you’re a novice. The main reason is that if you introduce yourself as a novice, your potential client will understand that you are insecure, or that you are not professional enough to pay yourself a decent fee. Your work is worth as much as that of any other colleague: do not devalue it, because if you do, you will be devaluing the rest of the colleagues and the entire union.

That being said, I end the post. I hope it helps you and that you feel now encouraged to create your portfolio. In case you have questions, do not hesitate to leave them to me in the comments section. Also, since sharing is caring, I ask you to share this blog with those people who may be interested, I would be very happy! 🙂

I’ll see you soon!

Eva Rodríguez