El precio del arte – The art price

¡Buenos días!
 
 
Vuelvo a este rinconcito para escribir sobre un tema que ocupa el día a día de los ilustradores y que, por desgracia, no es tan bonito ni tan amable como pudieran ser otros temas; hoy, para ser más explícitos, os quiero hablar del precio del arte.
 
Me gustaría dirigir esta entrada a otra clase de público, no solo a ilustradores, profesionales del dibujo o creativos en general: más bien, escribo esta entrada para aquellos que consumen nuestra obra y que por ende cuestionan nuestras tarifas (dicho de otro modo, nuestros clientes). No importa si eres un autor, una editorial, una agencia de publicidad, un estudio de animación, etc.; esta entrada va dirigida a todos aquellos que se toman el dicho de el cliente siempre lleva la razón muy a pecho y piensan que, por ello, tienen derecho a exprimirnos.
Desde hace algunos días, vengo leyendo por los grupos de Facebook en los que participo a muchos autores (autores que apuestan por la autoedición, por cierto) que se dedican a lanzar preguntas al aire o peticiones como las siguientes:
 
¿Cuánto se le paga a un ilustrador novel?
 
¡Hola, chicos! Acabo de escribir un libro, y busco un ilustrador. Me temo que no puedo pagar, pero prometo hacer publicidad del trabajo realizado.
 
Busco un ilustrador para mi obra. Serían unas 20 ilustraciones a página doble (40×20 cm). Me temo que no puedo pagar más de 400 dólares.
 
Este tipo de peticiones se repiten una y otra vez. Lo peor es que no solo se repiten en los grupos de Facebook: también es bastante común encontrar anuncios en portales de empleo en los que cualquier usuario que precisa los servicios de un ilustrador ya ha prefijado su tarifa (ridícula, en la mayoría de los casos), o ya ha decidido que te va a pagar con exposure (visibilidad, publicidad).
 
El problema, queridos autores que se autoeditan y que pretenden ganar miles de millones con sus libros, es que la nevera de los creativos no se llena con visibilidad, y la luz y el agua no se pagan automáticamente porque en la portada hayas escrito un nombre comercial. Lo cierto es que nuestro trabajo, como en cualquier otra profesión, requiere de mucho tiempo, muchas horas que necesitamos para ganar dinero y, ¡sorpresa!, tener una vida digna con la que pagar nuestros alimentos y conseguir sacar la cabeza de vez en cuando del escritorio.
 

No quiero parecer muy borde. Comprendo que la autoedición (o el desarrollo de cualquier proyecto gráfico) puede salir muy, muy cara, y que el riesgo es enorme: sin embargo, quiero hacerte entender por qué la ilustración en este proceso es clave y parte de tu éxito, y por qué, además, necesitas invertir en ella y pagar un precio justo. Para ello, he elaborado la siguiente lista:

  1. La ilustración es el reflejo de tu texto. Si tu manuscrito es buenísimo y estás seguro de ello, lo ideal sería que las ilustraciones que lo acompañen sean igual de buenas. Un estilo ilustrativo poco pulido, sucio o mediocre, hará que nadie, salvo tú, sepa lo bien que escribes, ¿y sabes por qué? Porque nadie te comprará ese libro. Me temo que, en este caso, un libro sí se puede llegar a juzgar por su portada. Por tanto, te recomiendo que pagues la tarifa de un profesional serio, pues este se encargará de que tu obra quede reluciente.

  2. Lo barato sale caro. Si tu libro tiene 15 ilustraciones de 40×20 y pagas a 20 euros la unidad, esto sólo puede significar dos cosas:

    a) El ilustrador no es un profesional serio. Puede que dibuje más o menos bien, pero su estilo no es consistente, y la calidad dejará mucho que desear. Probablemente, cuando recibas el producto final, acabes por reconocer que no es lo que esperabas, y tendrás que rehacer todo ese trabajo: tendrás que buscar a un verdadero profesional y pagar de nuevo lo que se te pide.

    b) El ilustrador tiene otro trabajo, bien a tiempo parcial o bien a jornada completa. Esto, en sí, no es negativo: sin embargo, cuando el ilustrador se dé cuenta de que lo que le pagas es una miseria en comparación con la cantidad de horas que tiene que dedicar a tus ilustraciones (de 20 a 30 horas por unidad), acabará por aburrirse y dejando las cosas a medio hacer; el otro caso que puede darse es que el ilustrador se esmere y trabaje en lo que le pides, con el hándicap de que terminará de ilustrar tu cuento en mínimo un año. ¿De verdad vas a esperar tanto?

  3. Los ilustradores también somos autores. Este detalle me parece vital, absolutamente reseñable. Por desgracia, los escritores suelen olvidarse de que nosotros somos los responsables de darles una estética y atmósfera a sus libros: diseñamos los personajes, los espacios en los que viven y desarrollan su historia, las sensaciones de cada escena… Cuando ilustramos, plasmamos en una imagen lo que nos dicen todas y cada una de las palabras de un manuscrito. Ser capaz de convertir esas ideas en un objeto material y palpable también tiene un valor monetario: no todo el mundo posee dicho talento, ni todo el que lo tiene se plantea emplearlo.

  4. En relación con el punto anterior, debes saber que cada ilustrador es único: pasamos muchas horas experimentando con materiales, técnicas, etc., hasta encontrar el método y el estilo que mejor nos funciona. Siguiendo este razonamiento, no es difícil darse cuenta de que estás contratando unos servicios exclusivos, y que el producto que vas a recibir no tiene igual. Tanto la exclusividad como la dedicación a la misma deben abonarse justamente y en consecuencia.

  5. Los ilustradores no (solo) dibujamos por amor al arte. Que me encante mi trabajo no quiere decir que no me tengas que pagar por ello. Esto último, por cierto, tiene mucho de tópico: es obvio que esta profesión guarda en sí un fuerte componente vocacional; sin embargo, no todo encargo que cae en nuestras manos nos encanta. De hecho, muchos encargos es que ni siquiera nos gustan, por diferentes motivos: puede que el tema nos parezca poco atractivo, o que la historia no nos inspire, o que incluso el autor nos cause antipatía, y por tanto, no nos apetezca colaborar con él. Como todo trabajo, la ilustración tiene sus más y sus menos, y uno de los más es que podemos cobrar por crear.
Una vez redactados todos estos puntos, estimado cliente, espero que sientas un poco más de empatía por nosotros, y te plantees si estás siendo lo suficientemente honesto con tu ilustrador. Por supuesto, no me malinterpretes: si tu presupuesto realmente es tan ajustado, no te vamos a pedir que saques de dónde no hay. Lo que sí nos gustaría es que fueras razonable, tanto con lo que ofreces con como lo que pides, para así poder negociar las condiciones del trabajo y alcanzar un acuerdo. Al fin y al cabo, a los ilustradores nos encantaría poder vivir plenamente de lo que hacemos, y una parte clave de ese engranaje eres tú.
 

Dicen por ahí que el arte no tiene precio. Que el precio se lo pone el artista en cuestión. Personalmente, estoy de acuerdo con esta expresión, aunque solo en parte: en el mundo de la ilustración, echo mucho de menos tener más orientación en cuanto a los precios. Me encantaría que hubiera un consenso a este respecto, porque así no tendría la incesante duda de si estoy menospreciando mi trabajo o si, por el contrario, a los que menosprecio es a mis compañeros. Pienso, además, que dicha orientación también le viene bien a nuestros clientes: a cualquiera que se le pregunte sabrá diferenciar si una jarra de cerveza es más cara o barata en según qué establecimientos. Sin embargo, casi nadie sabrá decir si una ilustración es cara o no.

En ese sentido (y para finalizar), me encantaría apelar al sentimiento de pertenencia al gremio, con la esperanza de que, algún día, podamos invertir en arte de manera justa para todos y, de este modo, cubrir una necesidad que cada día siento más latente: la de embellecer nuestro entorno y, en definitiva, nuestra vida.

Good morning!

I return to this little corner to write about a topic that occupies the daily life of illustrators and that, unfortunately, is not as beautiful or as friendly as other topics could be; Today, to be more explicit, I want to talk to you about the price of art.

I would like to direct this post to another kind of audience, not just to illustrators, drawing professionals or creatives in general: rather, I write this post for those who consume our work and therefore question our rates (in other words, our customers). It doesn’t matter if you are an author, a publisher, an advertising agency, an animation studio, etc.; This post is aimed at all those who take the saying of the client always is always right to heart and think that, therefore, they have the right to squeeze us.
The past days, I have been reading through the Facebook groups in which I participate many authors (authors who are selfpublishers, by the way) who launch questions or requests on the air such as the following:

How much should a newbie illustrator get paid?

Hello guys! I just wrote a book, and I’m looking for an illustrator. I’m afraid I can’t pay, but I promise to exposure the work done.

I am looking for an illustrator for my work. I need about 20 spreads (40×20 cm). I’m afraid I can’t afford more than $400.

These types of requests are repeated over and over again. The worst thing is that they are not only repeated in Facebook groups: it is also quite common to find advertisements on job portals in which any user who needs the services of an illustrator has already set their rate (ridiculous, in most cases), or has already decided that the service will be paid with exposure, visibility, or advertising.

The problem, dear selfpublisher authors who intend to earn billions with their books, is that the creatives’ fridge is not filled with visibility, and electricity and water are not paid automatically because you have written your name on the a book cover. The truth is that our work, as in any other profession, requires a long time, since we work many hours to earn some money and, surprise!, to have a decent life in which we can pay for our food and get our heads out from the desk from time to time.

I don’t want to seem too rude. I understand that selfpublishing (or the development of any graphic project) can be very, very expensive, and that the risk is enormous: however, I want to make you understand why illustration in this process is key and part of your success, and, in addition, why you need to invest in it and pay a fair price. I order to do so, I have prepared the following list:

  1. The illustration is the reflection of your text. If your manuscript is great and you’re sure of it, the accompanying illustrations should be ideally just as good. A poorly polished, dirty or mediocre illustrative style will make no one except you know how well you write, and do you know why? Because no one will buy you that book. I’m afraid that, in this case, a book can be judged by its cover. Therefore, I recommend that you pay the fee of a serious professional, as this will make sure your work shine.

     

  2. Buy cheap, pay dear. If your book has 15 40×20 illustrations and you pay $20 per unit, this can only mean two things:

    a) The illustrator is not a serious professional. His drawing skills may be ok, but his style is not consistent, and the quality will leave much to be desired. Probably, when you receive the final product, you end up recognizing that it is not what you expected, and you will have to redo all that work: you will have to find a true professional and pay a pro rate.

    b) The illustrator has another job, either part-time or full-time. This is not negative: however, when the illustrator realizes that what you pay him is a pittance compared to the amount of hours he has to dedicate to your illustrations (20 to 30 hours per unit) You will end up getting bored and leaving things half done. The other case that may occur is that the illustrator takes pains and works on what you ask, with the handicap that he will finish illustrating your story in at least one year. Are you really going to wait that long?

     

  3. Illustrators are also authors. This detail seems vital to me, absolutely remarkable. Unfortunately, writers often forget that we are responsible for giving their books an aesthetic and atmosphere: we design the characters, the spaces in which they live and develop their story, the sensations of each scene… When we illustrate, we capture in an image what each and every word in a manuscript tells us. Being able to turn these ideas into a tangible object also has a monetary value: not everyone has this talent, and not everyone who has it considers using it.

     

  4. In relation to the previous point, you should know that each illustrator is unique: we spend many hours experimenting with materials, techniques, etc., until we find the method and style that works best for us. Following this thought, it’s not difficult to realize that you are hiring exclusive services, and that the product you are going to receive has no equal. Both exclusivity and dedication to it must be paid fairly and accordingly.

     

  5. Illustrators don’t (just) draw for the love of art. Just because I love my job doesn’t mean you don’t have to pay me for it. This saying, by the way, is a cliché: it is obvious that this profession has a strong vocational component in itself; However, we don’t really love every order that falls into our hands. In fact, we don’t like many of our commissions, for different reasons: we may find the subject unattractive, or that the story does not inspire us, or that we even dislike the author, and therefore, we do not want to collaborate with him/her. Like in every job, illustration has its pluses and minuses, and one of the pluses is that we can charge to create.

Once all these points have been written, dear client, I hope you feel a little more empathy for us, and ask yourself if you are being honest enough with your illustrator. Of course, don’t get me wrong: if your budget is really that tight, we are not going to ask you to take money out of noewhere. What we would like though is you to be reasonable, both with what you offer and what you ask for, in order to be able to negotiate the working conditions and reach an agreement. After all, we, illustrators, would love to be able to live fully from what we do, and a key part of that gear is you.

They say that art is priceless. That the price is set by the artist in question. Personally, I agree with this expression, although only in part: in the world of illustration, I really miss having more guidance in terms of pricing. I would love for there to be a consensus in this regard, because that way I wouldn’t have the incessant doubt as to whether I am belittling my work or whether, on the contrary, who I belittle are my colleagues. I also think that this orientation is also good for our customers: anyone who is asked will know how to differentiate whether a cup of coffee is expensive or cheap. However, hardly anyone will be able to tell whether an illustration is expensive or not.

In that sense (and finally), I would love to appeal to the feeling of belonging to the guild, with the hope that, one day, we can invest in art in a fair way for everyone and, in this way, cover a need that I feel every day more latent: to beautify our environment and, therefore, our life.

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